A strange lonely blue tree

Hotel Riverside
El tercer cel, dins d'un mirall
Reflecteix les imatges d'un món ignorat

Fue en el año 2210, más o menos por mayo, cuando Anselmo Schmitt desapareció en el mar, en una barca de pescadores, poco después del atardecer.
Anselmo era un joven de aspecto delicado, con sombrero blanco, bastón de nácar, un ligero bigote sobre los labios y una mirada lánguida bajo el sombrero. Una mirada de hombre enfermo, o tal vez de hombre seriamente enajenado. En cualquier caso hay que decir que siete años atrás había dejado una vida muelle en Bonanova para seguir a Gora Vorontsov y a su amigo Kalús en un estrambótico y extraño viaje que los había conducido hasta la no muy vieja pero sí poco nombrada ciudad de Nemoville, en la oscura y aún menos conocida isla de Crisoelephantine.
Durante los primeros tiempos de su estancia en la ciudad los tres habían hecho algunas expediciones al interior de la isla, primero a pie, luego en un Lada Niva y finalmente en un Jeep del ejército, con intención de encontrar un paso hacia el norte de la isla y llegar a un legendario palacio, llamado Oliphant Castle, donde Anselmo afirmaba haber conocido a una joven rubia que hablaba un extraño idioma, llamada Faith, A Nice Pair Faith.
Por aquella misma época también conocieron a un joven Hugo Prudhomme y fueron admitidos en el Club Azul, una escisión de la Escuela de Marionetas, que poseía un bonito edificio de estilo victoriano junto al mar, en una zona llamada el Mirador de Aronnax.
La ciudad de Nemoville, asentada en una estrecha franja de tierra entre escarpadas montañas y un proceloso mar, de oscuras y profundas simas, se hallaba sumida en una etapa de desasosegante inestabilidad política. Las viejas instituciones: la Asamblea Permanente y el Senado estaban en crisis y aquella fue la oportunidad que tuvo la habilidad de comprender un joven oportunista, de oscuro pasado, al que un grupo de la Escuela de Marionetas había llamado el “Explorador”. Después de algunas maniobras políticas, el joven Explorador había aprovechado la ocasión para dar un golpe de estado y proclamarse Gobernador Permanente, por encima de la Asamblea y del Gobierno de la ciudad.
En este proceso había sido ayudado por algunos miembros de la Escuela de Marionetas, que enseguida alcanzaron altos cargos y ocuparon puestos de responsabilidad en el Gobierno.
Tras un año de profundas reformas, con nuevas calles, barrios y edificios singulares, el Explorador decretó que toda la isla quedaba sometida a su legislación y proclamó de inmediato el derecho de conquista y explotación de la misma.
Creó un gran ejército, formado por destacados miembros de casi todos los sectores sociales, de los clanes y de los distritos de la ciudad, y empredió sus primeras campañas. En poco tiempo conquistaron gran parte de los territorios aledaños, las tierras de Mangkaw, de Manok, de At-Bashy y Chatyr-Tash.
Fue en una de aquellas expediciones cuando Gora Vorontsov, el líder natural del grupo, falleció en extrañas circunstancias. Sus amigos lo enterraron apresuradamente en el Paso de las Tormentas, bajo un montículo de piedras y pedazos de hielo arrancados de las laderas de las montañas.
Tras este trágico suceso, Kalús y Anselmo, en vez de regresar a Bonanova, su ciudad de origen, se quedaron a vivir en Nemoville y se alistaron en el ejército.
Kalús llegó a obtener el grado de comandante, pero Anselmo, más delicado y poco dado a las heroicidades, se quedó e n la ciudad, al mando de un batallón de Titiriteros. Y fue así, en uno de los últimos episodios de aquella guerra, como resultó herido en una pierna y tuvo que retirarse durante un tiempo a su habitación del último piso en el viejo edificio del Hotel Riverside.
Desde allí, desde una de sus ventanas, podía ver con bastante nitidez el perímetro amurallado de la ciudad, las casas del extrarradio, con sus jardines, ahora convertidos en tristes remedos del pasado, y sus avenidas, colmadas de árboles, por donde se podía entrever el mar, la vieja carretera que conducía al puente metálico sobre el río Bisbi y las torres puntiagudas de la casa que en otro tiempo había pertenecido al Club Azul.  
Aun podía ver en su memoria las rotas ventanas y el sucio interior, abandonado desde comienzos de la guerra, con sus paredes tiznadas y los viejos muebles tirados por el suelo. En su imaginación podía verse a sí mismo vagando por aquel jardín, también arrasado por los carros de combate, y contemplando aquel solitario árbol de color azul, que algunos decían que había dado nombre al club. Bajo aquel mismo árbol, cerca del camino de entrada, había una tumba vacía, de mármol verde con incrustaciones de plata, donde casi cinco años atrás habían enterrado a la bellísima Sarah Leidner.
Anselmo no podía dejar de recordar también el día que la había visto por primera vez, en Verger Fleurí, cogida de la mano de  Kalús, en el jardín de la casa de Gora. Y recordaba con aún mayor nitidez aquella otra noche en que la había vuelto a encontrar, en una habitación del Hotel Riverside, poco después de volver de las Montañas del Horizonte.
Pero todo aquello formaba parte del pasado y Anselmo había decidido dar un nuevo rumbo a su vida. Ahora que su amigo Kalús estaba fuera, haciendo negocios con algunos tipos de dudosa reputación, se sentía más libre y estaba dispuesto a tomar algunas decisiones arriesgadas.   
Lo primero que había hecho había sido trabar amistad con un tipo atildado y un poco ridículo llamado Policarpo Aronnax. Solía ir a buscarlo  a su despacho en el Oceánic Club, donde actuaba como presidente en funciones, y daban largos paseos por la ciudad, donde acababan por encontrarse con otros tipos de la misma catadura, diletantes y dipsómanos, como ellos.
En una de aquellas salidas Anselmo había conocido a una cantante de cabaret que se hacía llamar “Only Sally”, que actuaba en la sala Lido, muy cerca de las Puertas del Oeste. Era una muchacha rubia, ligeramente rellenita, con unos grandes ojos saltones, tal vez incluso demasiado grandes, y unos pechos abultados y lechosos, que se bamboleaban ostensiblemente bajo los provocativos escotes.
Durante casi un año Anselmo la acosó obsesivamente, pero ella se negó en redondo a aceptar sus proposiciones. Pese a esto solía tolerar su presencia y se reía de manera ostensible, enseñando sus grandes dientes, cuando este trataba de abordarla.
Fue entonces, más o menos a mediados de mayo, cuando Anselmo y Policarpo se acercaron por enésima vez a la sala Lido. Se apostaron en la barra, contemplaron por encima del hombro a los otros parroquianos y trasegaron entre largos monólogos algo más de una copa.
De pronto las luces se apagaron y se hizo un relativo silencio. Sally apareció en el escenario por detrás de una cortina, con un foco de luz blanca que la iluminaba y dejaba entrever su escueta ropa interior.
Después cogió con fuerza el micrófono, entornó sus grandes ojos y comenzó a cantar:
—Cause I'm in shoo-shoo-shoo, shoo-shoo-shoo, Sugar Town…

Anselmo se acercó al escenario, movido por una fuerza poderosa, y se quedó inmóvil, observando a Sally. A su lado escuchó una voz ronca y desacompasada. Era un tipo con un gabán blanco que apoyaba los codos sobre la tarima del escenario y trataba de acompañar a la cantante. 
—Eh tú, cierra el pico —dijo Anselmo, empujándole.
—Déjame en paz! —dijo el tipo aquel, tratando de apartarse.
Anselmo no tuvo mejor ocurrencia que darle con el bastón en la cabeza. El otro, que era bastante corpulento, se volvió hacia él, lo cogió por la solapas de la gabardina y lo levantó unos cuantos centímetros en el aire antes de arrojarlo contra algunas sillas que había junto al escenario.
Pero la cosa no acabó ahí. Anselmo se levantó de nuevo y volvió a la carga. Para entonces Sally ya había dejado de cantar y la gente gritaba en derredor mientras trataban de ponerse a salvo.
La pelea fue subiendo de tono hasta que los dos contendientes acabaron tirados por el suelo, sudorosos y con la ropa hecha trizas, sin poder decir claramente quien había sido el ganador.
Policarpo no tardó en intervenir y separar a los contendientes, llevándose a Anselmo fuera del local.
—No te metas en líos —le dijo —. Ese es el nuevo novio de Sally. Hace poco que ha llegado de Baktek, y estaba alistado en el ejército de la reina Aracné.
—Lo mataré, te juro que lo mataré —dijo Anselmo, intentando encender un cigarrillo.
Estaban en un mirador junto a la playa, observando a la gente que se reunía en torno a pequeñas fogatas que se encendían entre las dunas. No muy lejos de allí se encontraba Alberta Moon, en compañía de Spook, que movía los brazos de forma desaforada.
Anselmo se acercó a ella y trató de cogerla por la cintura.
—Déjame —dijo esta, alejándose unos pasos y poniéndose seria.
—¿Por qué eres así conmigo? —murmuró Anselmo, sin dirigirse a ella directamente.
Spook se acercó, riendo, con una botella en la mano.
—Bebe —le dijo a Anselmo—. Está muy bueno.
—¿Qué es? —preguntó este, desconfiado.
Echó un trago y notó un sabor amargo en la garganta. Al cabo de unos instantes comenzó a notar como le quemaba por dentro.
—Es absenta, lo traen en barco, desde Altair.
Anselmo se sentó directamente sobre la arena.
—Tengo que matar a ese tipo del abrigo blanco —dijo, obsesivo.
Alberta iba de un lado para otro, riéndose de forma escandalosa.
—Anda, bebe —dijo Spook, poniéndole otra vez la botella en las manos. 
Blue tree